Las cuatro toxinas que contaminan las relaciones y sus posibles antídotos

Creer que los demás van a actuar como lo haríamos nosotros es una de las mayores fuentes de frustración social

En muchas ocasiones, tenemos unos patrones de comportamiento y comunicación en nuestras relaciones que son auténticas toxinas, y que empleamos constantemente, de manera inconsciente y automática. Dichos patrones pueden ser muy destructivos, incluso pueden acabar con las relaciones en cualquier ámbito, ya sea familiar, en el ámbito laboral, de amistades o de pareja.
Existen 4 toxinas en las relaciones:


• La culpa o crítica destructiva: Consiste en atacar a la persona en lugar de hablar de su comportamiento. La diferencia entre uno y otro es que al culpabilizar nos centramos en un hecho específico, mientras la crítica añade comentarios negativos sobre la persona. Por ejemplo “Tu siempre estás igual…”, “Tu nunca…”, “Eres una persona egoísta”.


• La postura defensiva: Consiste en una excesiva sensibilidad a los comentarios o la critica. A pesar de ser lógico querer defenderse cuando se nos critica, hay estudios que demuestran que esta postura no es efectiva, e incluso es dañina. Una postura defensiva traslada la responsabilidad de la situación a la otra persona.


• El desprecio: Incluye el sarcasmo, subestima, cinismo, insulto y la ironía. El desprecio es el más tóxico de estos comportamientos ya que transmite repulsa y desdén. El desprecio se alimenta de pensamientos negativos sobre la otra persona y es más probable cuando quedan conflictos no resueltos.


• El aislamiento: Incluye cortar la comunicación, el silencio, el rechazo a entablar diálogo, retirarse o ser falsamente agradable. A veces, cuando se presentan alguno de los comportamientos anteriores, una de las personas se “desconecta”, lo que causará mayor tensión en la relación.

¿Cómo podemos mejorar nuestras habilidades sociales y aprender a relacionarnos con otros?


La actitud es clave para llegar a un punto de encuentro y bienestar emocional en nuestras relaciones. Y además es muy importante trabajar la comunicación asertiva y mostrar empatía.


¿Cómo relacionarnos y comunicarnos con los demás de forma más efectiva?

Para cada toxina en la comunicación existen cuatro antídotos que te ayudarán a neutralizarlas:


Antídoto para la culpa y la crítica: Dirígete al comportamiento que no te gusta, en lugar de atacar a la persona. Céntrate en “lo que quiero”, en vez de “lo que no quiero”. Convierte la crítica en una petición: “¿Qué necesitas?

Antídoto para la postura defensiva: Escucha activamente. Utiliza la regla del 2 %: encuentra el 2%verdad en lo que oyes. “Es verdad que a menudo no convoco las reuniones con suficiente antelación y puedo entender como eso hace que se me pueda considerar poco previsor”. Pregunta “¿A qué te refieres?, ¿Qué has querido decir?”


Antídoto para el desprecio: Utiliza afirmaciones como “Yo siento yo deseo/necesito…Habla en primer persona desde el Yo” y asume tu responsabilidad de tu parte en la relación. Frena a tiempo y no entres en el juego.


Antídoto para el aislamiento: Observa qué estás haciendo para que la otra persona no se sienta segura para expresarse. Cuida el entorno y establece unas condiciones adecuadas. Y si eres tú la persona que se está aislando, sé consciente de que es fruto del miedo. Pregúntate “¿cuál es el riesgo? ¿De qué tengo miedo? ¿Qué está pasando?, ¿Qué está en mi mano hacer?”.

Una persona tímida, ¿cómo puede quitarse esa vergüenza y sacar conversación?


El primer paso es identificar su autodiálogo, qué se está diciendo: “No voy a ser capaz de relacionarme en ese evento” o “Podré hacerlo, lo he conseguido otras veces”. Después debe relajarse para disminuir la ansiedad y atreverse. Funcionan muy bien las preguntas abiertas para mostrar interés en la otra persona, y sonreír y mantener el contacto visual es clave para acercarse.


¿Es posible acabar con esos miedos sociales?


Si es posible, adquiriendo herramientas a través del entrenamiento en habilidades sociales y técnicas de comunicación, y exponiéndose gradualmente a las situaciones sociales que generan inseguridad, miedo o malestar. La terapia cognitivo conductual es la que más evidencia ha demostrado para modificar los pensamientos negativos y adquirir nuevos aprendizajes más beneficiosos.

¿A qué puede deberse?
Entre las causas más frecuentes se encuentran:

  • Herencia genética.
  • Conducta aprendida, el entorno juega un papel muy importante en el
    aprendizaje y refuerzo de la timidez, así como también en su superación.
  • Experiencias desagradables a nivel social, como críticas o burlas.
  • Baja autoestima: la falta de confianza es una de las principales causas
    que dificultan superar la timidez.

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